Grandes clásicos restaurados del cine francés, en la Sala Lugones

El Ministerio de Cultura, a través del Complejo Teatral de Buenos Aires, y Fundación Cinemateca Argentina, en colaboración con el Institut Français d’Argentine y la Embajada de Francia, han organizado un ciclo denominado Grandes clásicos restaurados del cine francés, que se llevará a cabo hasta el jueves 21 de julio en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín (Avda. Corrientes 1530). La muestra está integrada por diecisiete largometrajes en copias restauradas y enviadas especialmente desde París por el Institut Français para la Sala Lugones, e incluye títulos de realizadores como Agnès Varda, Jacques Rivette, Jean Renoir, Georges Franju, Jacques Demy, Chris Marker, Louis Malley, François Truffaut, entre muchos otros.

Pequeña flor, de Santiago Mitre

Pequeña flor

“Quería lograr una comedia luminosa y alegre que me permitiera experimentar con libertad algunos territorios que nunca había trabajado”.

Santiago Mitre
                                                                                              

The dark and the Wicked

En la Texas rural, en el medio de la nada, Louise (Mary Ireland) y su hermano Michael (Michael Abbott Jr.) se fueron de la granja en la que crecieron durante años, y no en el mejor de los momentos. Es que abandonaron a su madre, una mujer grande, y a su padre, un hombre muy enfermo – no se sabe bien de qué, pero eso poco importa. Lo que sí importa, y mucho, es que sus hijos dejaron a sus padres en pleno sufrimiento.

Dune, de Denis Villeneuve

Nunca vamos a saber cómo habría sido la épica versión de Dune, de 12 horas, que Jodorowsky soñó con filmar con figuras famosas tales como Salvador Dalí, Orson Welles, Gloria Swanson, David Carradine y Mick Jagger. No siendo fan de Jodorowsky, no siento que me haya perdido nada. Claro que en el caso de Dune es un prejuicio, ¿cómo saber cómo iba a ser lo que no fue? Para quienes quieran tener una idea, existe el documental Jodoworowsky´s Dune, que narra la historia de esta no-película con lujo de detalles.

El conjuro 3: El diablo me obligó a hacerlo, de Michael Chaves

Basada ligeramente en un caso de la vida real, el juicio de Arne Cheyenne Johnson, en el que la defensa planteó que su cliente había cometido un homicidio por posesión demoníaca. Entonces, es tarea del matrimonio Warren investigar al siniestro devoto de Satanás que maldijo al pobre Arne. Más de investigación detectivesca y un poco menos de cine de terror. Pero cuando el terror aparece…. no se olvida tan fácilmente.

Coda, de Sian Heder

No debería sorprender que Coda: los sonidos del silencio haya ganado el Oscar a mejor película. Leyendo su sinopsis, es clarísimo que los miembros de la Academia iban a encontrarla oscarizable: es otra historia de superación frente a la adversidad, aborda el tema de la discapacidad de una manera no conflictiva, apela mucho más a las emociones que a la reflexión crítica, y tiene una suerte de final feliz.

Matar a la bestia, de Agustina San Martín

“Las imágenes que creamos para esta película fueron diseñadas pensándose como cuadros. Había una búsqueda por encontrar el ensueño en todo, por trazarlo de un modo que se sintiera como un universo paralelo, como la realidad invertida. Buscábamos elementos ordinarios que pudiesen sentirse extraordinarios con tan sólo un detalle en la luz o un brillo. En esa búsqueda, el objetivo era enredar lo real y lo imaginario como si la película misma estuviese vista bajo la mirada de Emilia”, señala Agustina San Martí, guionista y directora de Matar a la bestia, actualmente en exhibición en el cine Gaumont a las 18:30 y en Malba Cine, los sábados a las 22:00.