Vicenta, de Darío Doria

“A la luz de lo que le tocó enfrentar a Vicenta no tengo dudas de que ahí afuera está lleno de hijos de puta. Y no hablo del padre que las abandonó, ni del tío que la violó. Ese es otro tema. Hablo de los jueces, jefes de gobierno, ministros, directivos y personal médico de hospitales públicos y otros funcionarios que debieron respetar y cuidar a Vicenta y a su hija y no lo hicieron”, dice, sin pelos en la lengua, el cineasta Darío Doria acerca de Vicenta, su documental basado en infames hechos reales que ocurrieron en 2006.

Porque Vicenta Avendaño tiene una hija de 19 años con retraso madurativo que fue violada por su tío y quedó embarazada. Fue entonces cuando su madre inició una lucha contra el Estado Argentino para conseguir que le permitan interrumpir la interrupción legal del embarazo de su hija. Lo que Vicenta probablemente nunca se imaginó es que viviría todo un calvario para que se haga justicia. Sin embargo, eso nunca la doblegó.

Seguramente todo habría sido distinto si Vicenta era una mujer de clase media o clase alta, quienes pueden abortar sin ningún problema y por el motivo que fuere en muchas clínicas privadas, en forma clandestina y por mucho dinero. Pero Vicenta es una mujer analfabeta que vive en una humilde casita de chapa y madera en una zona de mucha pobreza del conubarno bonaerense. Por eso, su suerte es otra.

Vicenta es una película conmovedora. Una de esas películas que emocionan y hacen llorar. Pero nunca acorrala al espectador ante el sufrimiento de sus protagonistas. Tampoco lo ubica como un testigo a la distancia. Eso sería una traicionar su propia concepción. Es una película sensible y sensata cuando explora el drama familiar y, a la vez, es una denuncia política inclaudicable. En este sentido, lo más meritorio es que estos dos niveles están entramados perfectamente, sin que ninguno eclipse al otro. Aunque, personalmente, son las escenas más íntimas las que más me movilizaron. Esos momentos me llenaron los ojos de lágrimas.  

La profundidad de la mirada cercana del director es otro gran mérito. Porque si simplemente se limitara a describir lo que pasa, su resonancia probablemente se desvanecería con facilidad. Aquí no pasa eso. Porque el acento está puesto en la narrativa, en los estados de ánimo de los personajes y en la atmósfera general. De ahí, entonces, que uno siga pensando en Vicenta durante días.

Estéticamente, el documental es más que una rara avis. Sus protagonistas y todos sus entornos, los cotidianos y los otros, están hechos de plastilina, coloreados a mano con discreción, sin que llamen la atención porque sí. Los personajes no se mueven, pero lo que sí se mueve es la cámara y lo hace con precisión y soltura. Nada quedó librado al azar, todo tiene su razón de ser. Aquí la ilustradora de cuentos infantiles Mariana Ardanaz se lleva los laureles por crear este universo de plastilina.

Otro acierto es la concepción y redacción de la voz en off creada Florencia Gattari, que tiene la suave cadencia y el afecto de la cantante Liliana Herrero. El sonido a cargo de Federico Esquerro y la música de Ezequiel Menalled son otros pilares fundamentales del tono general de Vicenta. El director también está a cargo de la melancólica fotografía y el montaje rítmico, sin prisa ni pausa. Por supuesto, el guión – escrito por el director y sus co-guionistas Luis Camardella y Florencia Gattari – es el elemento estructural y esencial de este admirable relato.  De hecho, Vicenta, el documental, es el resultado de un trabajo colectivo realizado con mucho esmero y mucho amor. Y con un final esperanzador.

Ganadora del Premio Fipresci (el premio de la crítica internacional) en el Festival de Dok Leipzig y participante de la Competencia Internacional del Festival de Mar del Plata, Vicenta no podría ser más oportuna. Porque el proyecto de ley por el aborto legal, seguro y gratuito recientemente enviado al Congreso tiene chances de ser una realidad. Así, las mujeres de Argentina tendrán el derecho a decidir sobre sus propios cuerpos y evitarán los peligrosos abortos clandestinos. Que sea ley.  

Vicenta (Argentina, 2020)

Dirigida por Darío Doria. Escrita por Darío Doria, Luis Camardella, Florencia Gattari. Concepción y redacción de voz en off: Florencia Gattari. Fotografía: Darío Doria. Sonido: Federico Esquerro. Montaje: Darío Doria. Directora de arte: Mariana Ardanaz. Música: Ezequiel Menalled. Duración: 69 minutos.