El triunfo de Sodoma, de Goyo Anchou

Como parte de la programación del Festival Asterisco, que se extenderá hasta el 19/11, se exhibe el El triunfo de Sodoma, la urticante nueva película de Goyo Anchou. Podrá verse accediendo a la web del festival : https://festivalasterisco.com.ar .

“La película es una provocación estética. El lenguaje que se propone no emula los lenguajes de las producciones hechas con capital. Crea su propio lenguaje desde la pobreza, no para describir la pobreza, sino para expresar desde la pobreza. No mostramos gente marginada, desde una supuesta objetividad documental, sino que recreamos colectivamente y desde los márgenes, los sueños de revancha que la marginalidad produce” señala Goyo Anchou (La peli de Batato, Heterofobia) acerca de El triunfo de Sodoma que, efectivamente, es provocativa y no solo estéticamente.

Si bien este nuevo largometraje está dirigido por Anchou, su construcción es colectiva, colaborativa y guerrillera. Apelando a una narrativa con ribetes de un documental muy libre y casi sin presupuesto, El triunfo de Sodoma tiene protagonistas marginales que están o estuvieron en situaciones de vulnerabilidad social, incluyendo períodos de prostitución en condiciones peligrosas.

En los términos más escuetos se podría decir que la trama (o lo que más se le parece a la palabra trama) gira alrededor de un comando porno-terrorista (sí, leyeron bien) que buscar hacer que colapse el anarco capitalismo patriarcal. Dividida en episodios, la película enfatiza con vehemencia las luchas de mujeres feministas que se cansaron de tanta opresión y ahora, finalmente, salen a las calles a combatir con toda su furia. Y también las sexualidades disidentes son otra pata de El triunfo de Sodoma, que se propone como una experiencia intensa, cruda y desnuda (literalmente) con imágenes con aires pornográficos (no diría que son pornográficas tal como se entiende la palabra habitualmente) que pueden ofender la sensibilidad de algunos espectadores.

Es que esa es la idea, pero no porque sí. No hay nada gratuito, lo que hay es fiel a la ideología de una película ferozmente contracultural. Que El triunfo de Sodoma es lo que su director quiso que fuera es una realidad inobjetable. Ahora, la pregunta que se impone es: ¿cuánto del todo funciona, incluso dentro de sus propios parámetros?

Siempre me atrajo el diseño audiovisual de las películas de Anchou. Es audaz, creativo, impactante. Si de estilo se trata, la película sale más que airosa. La fragmentación de los planos, las sobreimpresiones, los cortes abruptos, la cámara nerviosa y una fotografía que prefiere el formalismo antes que el realismo son algunos de los recursos que Anchou maneja con mucha destreza.

Mis reparos, que bien pueden ser muy subjetivos, están en cierto agotamiento que se da en la narrativa. No me refiero al agotamiento o cansancio que resulta de una narrativa voluntariamente subversiva. Hablo del agotamiento de una forma fílmica interesante que se come su propia cola y luego de un tiempo deja de funcionar – siempre en sus propios términos. Hay ocasiones en que la repetición de ideas aparece en vez de la acumulación de sentidos y ahí El triunfo de Sodoma pierde impulso. La deliberada y declamada voz de uno de los personajes que recita poemas en forma constante no siempre es un punto a favor. Nuevamente, todo aquí es deliberado.

Lo que sí es atractivo, aparte de su forma fílmica, es la impresión de verdad y honestidad ideológica y emocional que son casi tangibles aún dentro de lo mutante de la estética que Anchou propone. Y eso no lo hace cualquiera.