Frankenstein, de Guillermo del Toro

Sabemos que Del Toro le tiene mucho cariño a sus monstruos, por eso no debería sorprender que su versión de Frankenstein esté tan romantizada: es un opulente y elegante melodrama gótico con apenas un poco de terror.  No por nada la criatura (Jacob Elordi) está humanizada, hasta puede habitar el mundo de los afectos.  Se toma su tiempo para despojarse de lo monstruoso y pasar a ser amoroso, claro que únicamente con la prometida del hermano menor de Víctor, Elizabeth (Mía Goth). Ella es la única forma del amor que la criatura conoce y de ella se enamora. Elizabeth lo reconoce humano y lo desea.

Pero cuando el maltrato y las agresiones de Víctor y los otros reaparecen, también lo hace el monstruo, mucho más feroz que antes. No es novedad que el verdadero monstruo es el científico Víctor Frankenstein (Oscar Isaac), solo que aquí es tan visionario como perverso desde el vamos. Su infancia con un padre sin amor y autoritario dejó sus huellas. No recuerdo otra película previa que incluya esta génesis. Creo que es un acierto, le da más espesor al Víctor adulto, lo hace más temerario.

Que Frankenstein es una película de Guillermo del Toro se nota desde la primera escena: imágenes hermosas y ensoñadas articuladas milimétricamente, espacios donde sus personajes se recortan fuera de poco, pero también otros espacios donde podemos ver todo gracias a la infinita profundidad de campo. Una puesta de luces que tiene ribetes expresionistas, pero también hay suavidad y una bruma ligera. Colores por todos lados, vívidos y también apagados, todos en círculo cromático perfecto. Nada está fuera de lugar, todo está calculado con precisión. Adiós al realismo y bienvenido sea el formalismo de Del Toro.

Precisamente ése era uno de mis temores: que lo barroco y suntuoso de su cine ahogara a los personajes, que su estética sea un triunfo sobre el contenido. Respiré aliviado cuando vi que eso no pasa. Por un lado, porque los personajes están integrados en sus espacios, no son figuras que se pierden en fondos bellos. Por otra parte, por el peso dramático que tienen. Son sus pasiones y tribulaciones lo que nos conmueve. Son personajes desarrollados, de carne, hueso y sangre

Hubiera querido que Mia Goth tuviera más tiempo de pantalla. Considerando su importancia en el drama, el guión se queda pobre: necesita más escenas y más espesor. Aun así, Mia Goth saca provecho con lo poco que tiene. Elordi es excepcional con su criatura tan viva y añorando todavía más vida. Parece una mezcla entre Nosferatu, un demonio sobrenatural y los monstruos de El Descenso. Una aproximación original a la criatura que ya conocíamos, todo un acierto. Isaac interpreta a un Victor Frankenstein que guarda la furia de toda una vida, un desesperado por no fracasar nunca, un hombre al borde de la locura.

Cuando uno creía que el Frankenstein de Mary Shelley ya no daba para más, este Frankenstein de Del Toro es parecido pero distinto, clásico pero romántico, atávico pero también moderno. .