The Long Walk, de Francis Lawrence

La premisa de The Long Walk es contundente: decenas de miles de jóvenes de EEUU se anotan voluntariamente para participar de una maratón anual que comienza en el estado de Maine y no tiene un punto de llegada oficial. A través de la lotería nacional se eligen 50 participantes, uno por cada estado de EEUU, quienes tienen que caminar a lo largo de una ruta manteniendo un ritmo de 5km por hora. Mientras tanto, son acompañados por tanques militares, tanquetas y soldados armados con rifles automáticos. Desde el comienzo hasta el final el evento está televisado para todo el país. Todo un espectáculo.

Los jóvenes tienen un poco de agua y comida, caminan noche y día sin descansar ni un minuto, con accidentes, dolores o desgarros, pase lo que pase, orinando y defecando en la ruta. Cada vez que pierden el ritmo o dejan de caminar reciben una advertencia; después de la tercera advertencia son ejecutados a quemarropa con un balazo en la cabeza. La larga caminata se termina cuando queda solamente un participante vivo, que recibe como premio absolutamente cualquier cosa que desee, incluyendo riqueza infinita.

Dirigida por Francis Lawrence (Soy leyenda, la saga Los juegos del hambre), The Long Walk está basada en la novela distópica de Stephen King escrita en los 60, pero publicada en 1979 bajo su pseudónimo, Richard Bachman. Su subtexto político fue leído como una alegoría de la guerra de Vietnam y el sinsentido de las muertes de tantos jóvenes que nunca deberían entrado en combate.

En nuestro presente la lectura simbólica de The Long Walk también tiene sentido, ya que vivimos en un mundo hecho pedazos. Estamos hundidos en miserias de todo tipo, en una pobreza moral todavía mayor a la pobreza económica, somos gobernados por una clase política que, a su vez, es dirigida por grandes conglomerados económicos y nos hemos acostumbrados a la vigilancia y el control de un estado policial. Así, no solo perdemos derechos y libertades día tras día, sino nos sobreadaptamos para preservar deseos y valores. Se trata de seguir como se pueda o perderse en el camino.

En su trama, The Long Walk habla de las posibilidades de crear lazos entre los participantes protagonistas, ayudarse los unos a los otros (aunque no siempre), compartir sus historias de vida, con sus secretos, fracasos y triunfos. En esta larga caminata, algunos se dan por vencidos y son ejecutados, las muertes son violentas y el gore abunda. Otros siguen caminando y a duras penas aguantan un poco más. No es fácil saber quién va a vivir más tiempo y quién va a ser el ganador, aunque de tanto en tanto podamos intuirlo. Pero siempre existe la duda.  

En los márgenes de la ruta, están los testigos de este show deshumanizado. Son hombres, mujeres y niños que salen de sus casas derruidas y sus pequeños refugios de un país sin esperanza, la contracara del sueño americano que ahora es una pesadilla. Se los ve impasibles, anestesiados en su abandono y en el de los otros. De esta otra historia vemos apenas algunas escenas, y al ser tan importantes dramáticamente, hubiera sido más impactante ver un poco más y bien de cerca.

Pocas películas del mainstream reciente han mezclado géneros con tanta habilidad: el drama social y también personal se entrelaza con la distopía, así como el thriller violento con el terror brutal y el gore.  Por ser una película mainstream, The Long Walk no es complaciente ni tímida. Pero al estar basada en una obra de Stephen King, los gestos heroicos de algunos personajes, su solidaridad y sus emociones nobles se sienten fuera de lugar.

Es que el maestro del horror rara vez redime a sus personajes y saca lo mejor de ellos en las circunstancias más terribles – más bien, todo lo contrario. Hacerla más digerible es una elección del director, puede gustar o no, pero lo cierto es que acá no hay nada fallido.

Y considerando que la trama consiste en un grupo de personajes caminando por la ruta, y no mucho más que eso, es admirable como Lawrence construye un ritmo nervioso marcado por un montaje ajustado, una atmosfera lúgubre gracias a una fotografía articulada alrededor de tonos oscuros y luces contrastadas, y todo eso sumado a un registro de sonido que acompaña, pero también es contrapunto de esta odisea casi surreal.