Los papás, de Luchina Fisher

En un viaje de pesca con el padre de Matthew Shepard – un joven gay de 21 años asesinado brutalmente en 1998 en Wyoming- cinco padres conversan sobre los afectos, los anhelos y los miedos que tienen por sus hijos e hijas trans en una sociedad que, con el resurgir de la ultraderecha se ha vuelto cada vez más peligrosa para la comunidad LGBTQI+.

Sin ir más lejos, aquí en Argentina, según el último informe del Observatorio Nacional de Odio LGBTQI+ durante el primer semestre de 2025, se registraron 102 crímenes de odio contra personas LGBTQI+, lo que representa un aumento del 70% respecto al mismo período del año anterior. No hace falta ser un genio para vincular este alarmante aumento de carácter exponencial con los discursos de odio del presidente Javier Milei y de otras esferas del gobierno nacional.  

En EEU, las personas trans están siendo víctimas de una persecución continua: les retiran la cobertura médica, las obligan a utilizar sus nombres originales y no los que corresponden a su transición, les endilgan ser responsables de las matanzas escolares y de todo tipo de crímenes, de ser perniciosas para los niños, han sido declaradas terroristas domésticos y son abusadas y asesinadas. Han sido elegidas como el chivo expiatorio de todos los males. Un dato para no dejar pasar por alto: las personas trans constituyen el 1% de la población mundial. No parecen ser una gran amenaza.

El cortometraje Los papás, dirigido por Luchina Fisher, dura apenas 11 minutos y es más bien un registro de fragmentos de una conversación entre los cinco padres, desprovista de toda solemnidad, sentimentalismo o declaraciones de principios. Cada padre, de una manera espontánea y cándida, cuentan qué significa para ellos tener un hijo o una hija trans. Algunos hablan de lo complejo que les resultó entender y aceptar el proceso de transición, que ninguno imaginó al nacer sus hijos e hijas. Hablan de la reacción de sus comunidades: amigos que se alejaron por completo al enterarse de las transiciones, otros que no supieron qué hacer. 

Hay dos temas centrales. En primer lugar, la preocupación por la seguridad de sus hijos e hijas en sus vidas cotidianas y en una sociedad que cada vez tiene más crímenes de odio. Uno de los padres, con justa razón, está más que alerta: su hijo no solo es trans, también es negro. No es la mejor combinación para vivir en EEUU hoy en día. Porque si bien hubo progresos significativos en las últimas dos décadas en relación a la discriminación contra las minorías, también es verdad que hay un rebrote tan feroz como naturalizado. Dicho de otro modo: las cosas ya no son como antes, pero algunas veces son todavía peores.

En segundo lugar, se preguntan y encuentran algunas respuestas acerca de cuál es el rol que deben cumplir para ayudar a que sus hijos e hijas se sientan respaldados, sin el vacío que puede aparecer ante la falta de afecto o el afecto no expresado. Se dan cuenta de qué tienen que hacer, pero no siempre saben cómo hacerlo. El hecho de que se estén interrogando ya de por sí es un signo del deseo de hacer que las vidas de sus hijos e hijas sea tan gratificantes como vitales. En síntesis: acompañarlos cuando lo necesiten, y cuando no también. De eso se trata: de no dejarlos solos.