La vecina perfecta, de Geeta Gandbhir.

Una Karen. Ésa es la mejor palabra para definir a Susan Lorincz, la responsable de un crimen que jamás debería haber sucedido. Ocurrió en la comunidad de Ocala, en Florida, en 2022. En lunfardo y en EEUU, una Karen es una mujer blanca de clase media, no muy joven, racista y xenófoba, que cree tener derecho a un trato especial en función de sus privilegios. Con actitudes de superioridad y maltrato hacia las minorías, una Karen es prepotente y quejosa hasta el hartazgo. No vive ni deja vivir.

En el caso de Susan Lorincz, no dejar vivir fue literal. Ocala es una comunidad predominantemente afroamericana donde todos se conocen y viven en relativa armonía. Excepto por Susan Lorincz. Uno diría que ella es la protagonista del conmovedor documental La vecina perfecta, de Geeta Gandbhir, nominado al Oscar 2026.

Obsesionada con los niños que jugaban cerca de su casa, quejándose de su presencia y de sus supuestos ruidos molestos, aduciendo que se metían en su jardín e invadían su vida privada, Lorincz llamó a la policía decenas de veces para denunciar estos supuestos atropellos. Sus quejas eran interminables. Es que, como le decía a la policía, ella era una víctima temerosa por el daño que le iban a hacer.

La policía se hizo presente en la comunidad y tanto los padres como los niños le dijeron que las denunciadas eran exageradas o directamente falsas. Los niños simplemente jugaban en la calle y en zonas públicas. Nunca fueron invasivos. Por el contrario, esta Karen fue quien tuvo varias actitudes agresivas e irrespetuosas. Siempre lo negó todo, decía que nunca hizo nada malo. Lo escalofriante es que realmente pensaba que decía la verdad. Entonces, no se podría decir que mentía; al menos no concientemente. Eso sí que da miedo.

La policía enseguida se dio cuenta de cuál era el verdadero escenario. Les dieron la razón a los vecinos y también un par de consejos para evitar futuros problemas. Le llamaron la atención a Lorincz y le dieron un par de advertencias sin mucho peso. Nada más que eso. Ni la detuvieron para un interrogatorio, ni emitieron una orden formal para restringir sus acciones. Y así se fue desarrollando la crónica de una muerte anunciada.

La vecina perfecta va más allá del episodio puntual del homicidio. Uno diría que la protagonista del documental es Susan Lorincz, pero pensándolo mejor la verdadera protagonista es la comunidad que tuvo que lidiar con una tragedia que pudo ser evitada. Lorincz es el síntoma y la catalizadora de una sociedad rota, violenta y desconectada. Es la locura misma.

Formalmente, el documental tiene una progresión dramática articulada con precisión, hace un uso impecable de las imágenes de las cámaras policiales en rutina de control y encuentra lucidez y profundidad en los testimonios de los vecinos. Nada es solemne ni aleccionador. Es exponer la realidad tal como es y con eso es más que suficiente. La experiencia de entrar en esta historia es dura, la angustia y la ansiedad son inevitables, aunque no haya nada gratuito ni manipulador.

Claro que el final es triste, no podría ser de otro modo. Pero, no es desolador. En cambio, es combativo y noble; y hasta cierto punto, es esperanzador en la toma de conciencia que pide que tengamos. Es uno de esos documentales que necesita ser visto.