Belén, de Dolores Fonzi

Belén, dirigida y protagonizada por Dolores Fonzi, toma un sonado caso policial tan injustificable como aberrante. Sucedió el 24 de marzo de 2014 en Tucumán, en el hospital público Juan Bautista Alberdi, cuando llega a la guardia una mujer de 24 años con dolores y espasmos en el abdomen. Espera y espera, y con desgano y maltrato es atendida por el personal médico. Pero mientras la examinan, súbitamente aparece la policía y la detiene, acusándola de hacerse un aborto en un baño apartado en el hospital antes de ser tratada por los médicos.

Tuvo un juicio, o un circo, mejor dicho. A su abogada pública a cargo de su defensa, mucho no le interesó su suerte y ni quiera cuestionó las sendas irregularidades del proceso. Ya se sabe: una chica joven, de tez oscura, pobre y sin educación. Sus vidas no importan. Es declarada culpable por homicidio agravado por el vínculo. Es condenada a dos años de prisión.

Belén es el nombre de la joven tucumana, es un nombre ficticio para proteger su identidad, y a esta altura ya es un símbolo de resistencia y de una lucha digna por obtener y hacer cumplir derechos que las mujeres merecen tener. De hecho, este caso fue un importante puntapié para el despliegue del movimiento de mujeres y la sanción posterior del derecho al aborto legal y gratuito.

Uno de los mayores méritos de Belén son las interpretaciones de sus protagonistas: Dolores Fonzi interpreta a Soledad Deza, la abogada que toma el caso con la voluntad de revertir su condena. Es incisiva, inclaudicable y tenaz, y Fonzi logra transmitir estas características con su rostro, sus gestos y miradas, y su lenguaje corporal. Laura Paredes es Bárbara y es parte del equipo defensor. Espontánea, muy natural y sin tics de actuación, Paredes es un personaje que toma volumen a los pocos minutos de su aparición. Y Belén, interpretada por Camila Plaate expresa su dolor y desesperación con sus silencios y su mirada siempre un poco más allá, en el terreno de la desesperanza. Es una pena que su personaje esté poco desarrollado. Sabemos poco y nada de su vida antes del arresto, poco y nada de su familia, y poco y nada de los avatares de la vida en prisión.

Belén es una película con una estructura narrativa clásica y una formal fílmica convencional. Es efectiva y muy prolija, su tono nunca es sensacionalista y es honesta emocionalmente. Solo que no hay una búsqueda estética que proponga algo nuevo. Belén sigue una fórmula al pie de la letra y lo hace muy bien. Y ya está.  Su poder reside en su calidad de película de denuncia bien entendida, en su lucha ideológica tan necesaria ahora con un gobierno de extrema derecha que, precisamente, quita derecho tras derecho.

Nominada al Goya como Mejor Película Iberoamericana y elegida para el shortlist – aún falta una segunda selección- para los premios Oscar como Mejor Película Extranjera, Belén es una película urgente y su difusión es ética y moralmente imprescindible. Espero que la vaya muy bien.