Dejar Romero, de Alejandro Fernández Mouján y Hernán Khourian

“Desde el inicio nuestra intención fue acompañar la desmanicomialización, potenciando la práctica diaria, dándola a conocer como una práctica profesional y afectiva, rescatando el valor del compromiso de quienes la llevan adelante. El deseo fue siempre poner en discusión y mostrar cinematográficamente de qué hablamos cuando hablamos de locura y encierro”, señalan Alejandro Fernández Mouján y Hernán Khourian, directores del documental Dejar Romero, que es el resultado de un trabajo constante durante cinco años en el Hospital Alejandro Korn de La Plata, conocido históricamente como “el Romero”, un manicomio fundado en 1884.

Por un lado, Dejar Romero se involucra con la recuperación de archivos históricos – historias clínicas, escritos, fotografías- acerca de pacientes internados a lo largo de unos 140 años. A la vez, el documental de cuenta de la cotidianeidad del encierro, del complejo proceso de la externación y de la lucha por poner en crisis los paradigmas de las instituciones de salud mental. Estas dos líneas narrativas convergen para trazar una síntesis entre lo macro y lo micro, de lo más general hacia lo más particular. Así, la mirada de los directores, siempre alerta e inquisitiva, hace del todo una superficie llenada de detalles – y viceversa.

Uno de los problemas potenciales de un documental de estas características es que el registro de todo lo que pasa se sienta escenificado, armado para la cámara. Acá, eso no sucede nunca. Evidentemente, los realizadores se ganaron la confianza de los trabajadores y de la comunidad de pacientes y ex pacientes. De ahí entonces la espontaneidad, la naturalidad con la que se expresan a cámara, nos cuentan de sus vidas, acerca de esto y de aquello, y permiten ser retratados sin sentirse observados. Porque son mirados con compresión, respeto y empatía, nunca a la distancia como objetos de estudio. Es esa cualidad humanista uno de los motivos que hace que la película sea tan genuina.

Formalmente, la puesta en escena de un registro realista, con una cámara que no intenta disimular su presencia, pero tampoco es invasiva en modo alguno, permite una cercanía en la narrativa y en cómo el espectador se vincula con la película. Ni muy lejos ni muy cerca, en cambio a una distancia óptima para apreciar todo lo que hay para ver, que es mucho.

Así, Dejar Romero se convierte en un agente activo que acompaña el proceso desmanicomialización sin caer nunca en conclusiones facilistas o discursos remanidos. Es militante en el sentido más amplio del término, e intimista en el sentido más afectuoso. Informa, cuestiona y sugiere propuestas. Pero, sobre todo, hace muchas preguntas. Es al espectador a quien le corresponde formular sus propias respuestas. Otro gran logro.

Dejar Romero se exhibe los domingos de abril a las 18h en Malba Cine.