
Sería un poco osado decir que La habitación de al lado no es una película sobre la eutanasia. O, al menos, que ése no es su tema principal. Sí, hay dos amigas de toda la vida, Ingrid (Julianne Moore) y Martha (Tilda Swinton) que se reencuentran accidentalmente, sin mucho para celebrar. Martha tiene cáncer terminal y no va a continuar con ningún tratamiento. Elige la eutanasia y llegado el momento se va tomar la píldora del descanso eterno. Ingrid decide acompañarla y cuidarla en este tránsito tan arduo. Van a vivir juntas en una casa alquilada y aislada.
En sus conversaciones y recuerdos se avivan las vidas vividas, con ese afecto casi de hermanas y esos recuerdos entrañables. Claro que hay dificultades, de convivencia y demás, y no son banales. Igual ellas siguen más juntas que nunca. Hay mucho para hablar y Martha no quiere partir sola. Necesita la compañía de un ser querido durmiendo en la habitación de al lado de la suya. Quizá así se siente protegida durante el tiempo que le queda. Morir sola debe ser terrible.
Por eso La habitación de al lado es una película sobre la amistad, sus límites, la entrega incondicional, la presencia y el amor. El amor de esas amistades que resisten todos los vaivenes de la vida, estas dos amigas que nunca se abandonan.

Y que es una buena película es un hecho. Está muy bien escrita, el guión funciona como un relojito, los diálogos son verosímiles, está meticulosamente filmada, la puesta en escena es impecable, la estética vívida que contrasta con la oscuridad es un acierto, las actrices lo dan todo y hay más de un par de escenas que son memorables. Claro que es una buena película, la filmó Almodóvar.
Sin embargo, tiene un problema que no es menor: no conmueve. Sí, ya sé que eso es subjetivo, pero pensemos en una cosa: el tono de la película. Con la intención de alejarse por completo de un posible melodrama y no dejar lugar para ningún atisbo de sentimentalismo, ni angustiar mucho o entristecer demasiado al espectador, La habitación de al lado adquiere un tono distante, un poco desapasionado, demasiado respetuoso. Creería que busca ser reflexiva y un poco retraída. Pero se siente lejana.
Por otra parte, el personaje que interpreta John Turturro es interesante. Él conoce a ambas mujeres muy bien y su presencia en estos últimos días es relevante. Su nihilismo es comprensible, el mundo no está pasando por el mejor de los momentos. Es creíble y hasta necesario: es la mirada moral sobre un mundo en ruinas. Pero su brevísimo discurso sobre el cambio climático está metido con fórceps. Se entiende que es un comentario político crítico, pero hace ruido.

Algo parecido pasa con las referencias a The Dead, de Joyce, que recitan las amigas y con las escenas de la película de Houston que ven. Sí tienen sentido con el tema, de la llegada de la muerte es de lo que se está hablando. Solo que se siente calculado, muy pensado, y casi que termina siendo una pátina poética refinada más que una instancia dramática poderosa.
Almodóvar siempre ha sido un gran director de actores y aquí lo corrobora una vez más. Hay una actuación extraordinaria, la de Julianne Moore, que sí tiene un rango emocional amplio y elocuente. Sí creo en su dolor y siento su torbellino interno. Está muy viva. Swinton es Swinton, una vez más. Está demasiado perfecta, como siempre, y creo que ese es el problema. Lo da todo, es verdad. Solo que todo ya lo vimos antes. No sorprende.
Creo que a La habitación de al lado, el León de Oro de Venecia le queda grande. Quizás mis expectativas eran muy altas. O quizás no y las cosas son como son. Pero la película es buena, insisto. Vale la pena verla, sin esperar demasiado. Quizás así se disfruta más.