
Barbarian comienza con una pesadilla que nos podría pasar a cualquiera de nosotros: llegar a un departamento alquilado a través de Airbnb y encontrarnos con que está ocupado por otra persona – un buen tiempo atrás se trataba de hoteles que no registraban nuestras reservas. Sea como fuere, podría ser un error del dueño o una simple estafa, pero lo cierto es que no tenemos donde quedarnos.
Eso es exactamente lo que le ocurre a Tess (Georgina Campbell), una asistente de documentalistas que llega a una casita en una zona casi abandonada de Detroit en plena noche oscura y tormentosa. Y resulta que un hombre amable y apuesto llamado Keith (Bill Skarsgård) ya está instalado con todas sus cosas. Tess intenta contactarse con el dueño, pero no hay respuesta a sus mensajes. Keith la invita a quedarse hasta que la situación se aclare, Tess duda y dice que no, Keith le dice que no hay ningún problema, y Tess no sabe qué decir.
Pero llueve tanto y está tan lejos del centro de la ciudad que finalmente accede a quedarse, aun con reparos. No va a pasar mucho tiempo hasta que Tess se de cuenta de que la casa dista mucho de ser lo que parece. Mucho, pero mucho.

Escrita y dirigida por Zach Cregger, Barbarian es una de las películas más originales de 2022, un año excelente para el cine de terror. Todo el primer acto (unos cuarenta minutos) se desarrolla con la tensión y el suspenso creciente propio de una situación ya conocida: ¿es este hombre un psicópata que torturará y asesinará a esta mujer indefensa?
La primera gran sorpresa, imposible de anticipar, llega sobre el final del primer acto cuando otro subgénero anuncia su presencia. Inmediatamente después y sin pausa, la trama nos lleva a otro tiempo y otro espacio tan diferente que nos preguntamos si estamos viendo la misma película. Desconcertados, intentamos descifrar qué está pasando.
Es entonces cuando aparece el tema central de Barbarian: el abuso sexual repetido y sus consecuencias inexorables. Es el tipo de abuso que deja a sus víctimas sin humanidad. Si de abusos se trata, el acoso del bullying es denunciado en las muy logradas Cerdita, de Carlota Pereda, y en Sissy, de Hannah Barlow y Kane Senes, también de 2022. A tono con los tiempos, estas mujeres protagonistas ya no se dejan amedrentar y son de armas tomar. Barbarian incluso propone hacer justicia, sin concesiones, con un castigo monstruoso – literalmente. En esta suerte de terror feminista son los hombres los que caen en el infierno que crearon; y con justa razón.

Creemos que ya sabemos cómo viene la historia y, en parte, así es. Pero sobre el tercer acto un nuevo salto en espacio y tiempo nos ubica en el origen mismo del horror; las referencias a No respires no son una casualidad, como tampoco aquellas al Detroit decadente de It Follows. El sueño americano nunca existió, parece decir Barbarian. Y detrás de esas casas bonitas de los suburbios hay otras cosas que de bonitas no tienen nada. No es que estas ideas sean nuevas, el género ya las ha trabajado. Pero acá se trata de resignificar lo ya visto en otros lados para hablar de otras cosas, no existe el menor atisbo de colocar citas sin sentido y pour la gallerie.
Cada espacio con sus tiempos tiene una estética propia que contrastan entre sí, como si fuera una sola película filmada por distintos directores – en un buen sentido. Porque gracias a que la narrativa tiene una lógica que nunca se quiebra, Barbarian es coherente y cohesiva, nunca es una suma de fragmentos al estilo de un pastiche. No sobra ni una secuencia, ni una escena, ni un plano. Todo está bien calculado, aunque se sienta tan espontáneo – en manos de otro director menos talentoso Barbarian habría sido un desastre absoluto.
Por suerte, no falta un poco de humor negro y así la solemnidad, uno de los peores enemigos del género, no aparece ni por asomo. Cierta liviandad siempre suma. Así el terror nos encuentra desprevenidos y confiados. Así logra asustarnos.