Possessor, de Brandon Cronenberg

No debe ser nada fácil ser el hijo o la hija de un director de cine consagrado, con una estética muy personal y una capacidad creativa enorme. Pensemos en el caso de Jennifer Lynch, quien filmó cuatro películas tratando de imitar el estilo de su padre y resultó que solamente Chained es respetable. No por casualidad es la que menos se parece a la obra de David Lynch. Las otras tres – Boxing Helena, Surveillance y Hiss- son simplemente descartables.

Sweetheart, de J. D. Dillard

Jenn es una joven morena que hizo una excursión marítima que terminó siendo un desastre a causa de una feroz tormenta. Jenn sobrevivió y pudo nadar hasta la playa de una isla tropical. Está absolutamente sola. O no. Porque, en realidad, enfrentarse a los infortunios de la naturaleza resulta ser el menos de lo males, considerando que un ser maligno sale de cacería todas las noches.

Calibre, de Matt Palmer

Ganadora del premio a Mejor Película en el Festival de Edimburgo, el thriller escocés Calibre, dirigido por Matt Palmer, demuestra ser lo suficientemente inteligente como para utilizar, en principio, algunos clichés del género para luego dar un giro inesperado y así transformar la película en algo muy diferente a lo que uno se imaginaba.